Etnias Tardias
Para conocer mejor las Etnias asentadas en Huari, lo hemos realizado hablando específicamente sobre cada Etnia, como los Conchucos, los Pinkos, los Yaros y los Huamalli, quienes se acentuaron en esta parte del Callejón de los Conchucos.

El curacazgo o señorío étnico de Conchucos tuvo por habitat lo que ahora son las provincias de Corongo y Pallasca en la sierra del departamento de Ancash. Como todas las etnías septentrionales del Tahuantisuyo, estuvo estructurada en huarancas y pachacas, cuyos pobladores vivieron en pequeños llactas (o pueblos), de los cuales , la más numerosas a mediados del siglo XVI tenía ciento cincuenta tributarios, y la más pequeña cuatro. Sus ruinas todavía existen, aunque algunas de ellas continúan habitadas, como por ejemplo Corongo, Cabana, Tauca, Llapa, y Cusca.
Convertida en encomienda una vez producida la conquista española, su material humano fue sometido a una terrible campaña de exterminio y de explotación, el territorio del curacazgo o reino de Conchucos, no fue tan extenso como otros señoríos étnicos del mundo andino en los siglos XV XVI (Lupaca, Huanca, y Chismancu-Chuiquimancu por ejemplo) . Pero de todos modos tampoco fue muy pequeño como el de Tapacuna vervigracia Si tenemos en cuenta que la etnía Conchuco abrazó lo que actualmente son las provincias de Pallasca y Corongo, al norte del departamento peruano de Ancash, se concluye de que tuvo aproximadamente 3307.43 kilómetros cuadrados de superficie. Hasta la década de 1870, a la de Pallasca, de cuando en cuando, todavía se la llamaba “provincia de Conchucos”, lo que a veces arrastraba consigo ciertas confusiones. Pero en la década de 1890 desapareció completamente el tan antiguo y mentado nombre de Conchucos, el que ha quedado relegado a un miserable y triste caserío que tiene el rango de villa, ahora casi ha deshabitado debido a la emigración de sus habitantes a Chimbote y a Lima en busca de mejores niveles de consumo.
En general el curacazgo de Conchuco se extendió por lo que hoy son las jurisdicciones distritales de Aco, Bambas, Corongo, Cusca , la Pampa, Yanac, Yupán, Bolognesi, Cabana, Conchucos, Huacascaschuque, Huandoval, Lacabamba, Llapo, Pallasca, Pampas, Santa Rosa y Tauca, algunos de ellos de ecología yunga, tales como Pallasca, Huandoval, Cabana, Tauca, Llapo y los caseríos de Chaquilpón y Ancas.
Según la visita de Cristóbal Ponce de León, de 1543, parece que en curacazgo de Conchuco hubo tres huarancas, a las que el visitador las denomina “parcialidades” : 1.- Carapuray, gobernada por el señor Pomacochachi, con veinte y un llactas; 2.- Otra del señor Yanamango, con veinte seis llactas y 3.- otra del señor Colcallax, con treinta y un llactas. Hecho que no debe llamar la atención por cuanto en la sierra y costa norte del Perú la estructuración de las etnias en pachacas , huaracas y hunos fue común y corriente, mucho más corriente que en el centro y sur del Tahuantisuyo. En la visita de 1543 aparecen setenta y siete pueblos, o mejor dicho, llactas indígenas en el curacazgo de Conchuco. En los mapas de alta escala es relativamente fácil ubicar a una buena cantidad de ellas. Siguen subsistiendo todavía Yantacón, Tauca, Corongo, Cusca, Huayayán, eran llactas de todo tamaño, ya que hubo algunas donde apenas residían cuatro o seis padres de familia, o en otras palabras, tributarios, es decir, con poquísimas cosas casas. Sólo existían tres que ofrecían una perspectiva mas o menos voluminosa ; chachacha con cien tributarios; Ayango, con ciento doce; y Lapoco, con ciento cincuenta. Sin embargo, todas sin discriminación alguna, fueron llamadas “pueblos” por los españoles, cuando en verdad la mayoría de ellas apenas eran menos que aldehuelas. Esta perspectiva urbana general en los Andes, salvo contadísimas excepciones.
Todas estas aldeas recorridas y censadas por el visitador Cristóbal Ponce de León fueron desestructuradas entre 1571 y 1572, cuando las “reducciones” ordenadas por el virrey Francisco de Toledo. A ese inmenso número de llactas pequeñas las “redujeron” o disminuyeron, concentrándolas en cinco pueblos grandes únicamente. Pero aparte de la información anteriormente citada, en esta visita de Ponce de León, escrita en 1543,a los nueve años de la caída del Imperio Inca, se encuentran las evidencias más antiguas de cómo en una sola llacta, en este caso en la de Urcos, vivían personas pertenecientes a tres parcialidades distintas: 35 de la de Carapuray, del curaca Colcallax y 17 del curaca Yamamango. En la llacta de Vinchos se hallaron 34 personas de Pomacochachi y 9 de Yamamango. En Sumbish, se descubrió 25 de Yanamango y 12 de Colquillax. ¿Qué significa todo esto? ¿En un pueblo podían vivir personas pertenecientes a diferentes huarancas y pachacas? ¿O es que los tributarios pertenecientes a tres parcialidades eran congregados en una llacta para que cumplieran allí sus mitas en conjunto? La verdad es que no sabemos aún qué es lo pudo ocurrir en realidad.
El cronista Miguel de Estete dice de Corongo que era un pueblo subjeto al de Guamanchurco. Pero obviamente que este es un lápsus cálami del veedor de Hernando Pizarro. Seguramente quiso escribir es subjeto al de Conchucos. Pedro Cieza de León, por su lado, refiriéndose a los pobladores de estas llactas, expresa: “los naturales son de mediano cuerpo”. Mientras que Estete por su parte, vio por allí, en 1534, “mucha cantidad de ganado con sus pastores que lo guardan, e tienen sus casas en las sierras al modo de España, es decir, en las cúspides de los cerros y de las colinas. Pero en 1548 los Conchucos eran ya “faltos de ganado” manifiesta Juan de Saavedra, aunque sí tenía algunas minas de plata de vetas pobres, lo que está en contraposición a un párrafo de Cieza de León cuando exclama: “en esta provincia de Conchucos ha habido siempre mineros ricos de metales de oro y plata”, dato que está reforzado por Guamán Poma de Ayala, quien refiriéndose a Conchucos escribe: “hay minas de plata mesón real”. Lo cierto es que sus socavones de plata atrajeron a los españoles, quienes, para explotarlos, a fines del siglo XVI fundaron allí una villa, la de Conchucos. De Guamán Poma de Ayala ha dejado un dibujo, manifestando que los mitayos que allí trabajaban no eran tan maltratados como en Potosí.
De estas antiguas llactas, todavía siguen habitadas varias de ellas, tales como Tauca, Corongo, Cusca y Cabana. Según Cristóbal de Albornoz, el nombre verdadero de Tauca es Taucapan. Y fuera de los setenta y siete pueblos citados por Cristóbal Ponce de León, Albornoz menciona a Caycachis, Guachichilla y Maray. En Conchucos, además, había un tambo al que Guamán Poma de Ayala le da el nombre de “real”, lo que indica que era de gran importancia en la ruta caminera de la sierra chinchaysuyana.
Los conchucanos tenían fama de belicosos, porque en 1539 se rebelaron contra los abusos de los mayordomos o calpisques del encomendero que lo era Francisco Pizarro. Se resistieron entonces a pagar más tributos en oro, plata y otras especies valiosas que no poseían en sus tierras. El resultado fue que el mismo marqués-gobernador envió a Francisco de Chávez para que pacificara a los alzados. (Espinoza 1974).
Los datos históricos y arqueológicos son muy escasos, aparte de que las referencias son bastante escuetas en la mayoría de los casos, especialmente las que recogieron los cronistas. Casi todos los que se ocupan de esta zona nos dice que el territorio estuvo ocupado por una nación llamada de los Pinku. Espejo Núñez ha realizado un pequeño estudio al respecto. El dato más temprano que hemos encontrado hasta el momento, es el de Cieza de León, quien después de describir la provincia de los Conchucos nos habla de las de Piscobamba y Pinkos y dice: “Adelante de esta provincia (Piscobamba) está la de Pincos, cerca de donde pasa un río, en lo cual están padrones para poner la puente que hacen para pasar de una parte a otra. Son los naturales de aquí buenos cuerpos, y que para ser indios tienen gentil presencia”. Hacia 1594, Toribio Alfonso de Mogrovejo, en su Segunda Visita Pastoral, hace una referencia suscinta sobre Pinku, es decir sobre las poblaciones de Huari, Huantar, Chavín, San Marcos y otras. En efecto, dice que en “San Gregorio de Huantar … tenía este pueblo 162 indios tributarios, 60 reservados, y por todo 576 almas. Tiene por anexo un pueblo que llaman San Pedro de Chavín con 110 tributarios, 30 reservados ,361 de confisión y 460 ánimas …” “San Marcos de Collanapincos… con 110 indios tributarios… y 466 almas”. “Nuestra Señora de Guadalupe (actualmente llamado Rapayán) está situado en una ladera, es de buen temple y da el maíz y el trigo”. Más adelante dice: “Tiene don Antonio cacique principal del repartimiento de Ucho- pincos, un obraje que está dentro del pueblo de Nuestra Señora, en el cual ocupa hasta veinte indios chicos y grandes”. De esta versión se desprende que la provincia de los Pinku a pocos años de la invasión española estuvo dividida en dos cacicazgos: el de San Marcos de Collanapincos, ubicado en la margen derecha del Mosna, y el de Ucho (Uco)-pincos, cerca de la desembocadura del Mosna-Puchka. Garcilaso de la Vega menciona la existencia de los Pinku y dice: “De allí vinieron los apercibimientos acostumbrados a los naturales de una provincia llamada Pincu, los cuales, viendo que no podían resistir en poder del Inca, y también porque habían sabido cuan bien les iba a todos sus vasallos … respondieron que holgaban mucho en recibir el Imperio del Inca y sus leyes” “Las (provincias) principales son Huaraz, Piscobamba, Conchucos. Las cuales, habiendo de seguir el ejemplo de Pincu, hicieron lo contrario que se amotinaron”. Antonio Vásquez de Espinoza nos habla sobre la “nación” de los Pinku en varios pasajes de su obra. En su recorrido por el Corregimiento de Conchucos enumera: “… dos religiosos de Santo Domingo en Santo Domingo de Guari, y en Huantar y Chavín, y dos de Nuestra Señora de la Merced en Collanapincos (habitantes de la margen derecha del valle, hoy San Marcos) y hichopincos” (habitantes de la margen izquierda). Más adelante anota que “…tiene gran distrito la ciudad (de Guanuco) y en el de muchas provincias muy ricas… al norte Guamalíes pincos, Caxatambos, Gocares, Guaylas, Piscobamba, y otras de menor consideración. También refiere que Pachacutec Inca Yupanqui “conquistó las provincias de Guamalíes, Pincos, Guare, Piscobamba, Caxatambo, Guaylas, donde quemó algunos sometidos, que había para que con el castigo se enmendasen y hubiese escarmiento. Hace referencia sobre un obraje y la existencia de un tambo, que también es citado por Huamán Poma, quien en forma escueta dice: “Pincos Tambo Real”. Vásquez de Espinoza hace una descripción precisa del río Mosna llamado también Puchka, de las distancias de los poblados de esta zona y de la travesía que se hace de la Cordillera Oriental, “tierra muy fría”, para descender al Marañón: “a la mano izquierda un profundo río originado por las nieves, (el Mosna) salido de estas laderas se pasa por el otro río (Marañón) por un puente”. Marco Jiménez de la Espada en un documento fechado en 1649 dice que partiendo de la ciudad de Los Reyes (Lima), “el camino tira por cuestas y serranías altísimas… con las aguas del invierno se hacen ríos como el de Pincos, a quien ciñen dos grandes repechos, y con las vertientes de aquellas sierras se hace río harto provechosa, porque riega los cañaverales que hay en aquella quebrada”.
El padre Bernabé Cobo, al narrar la lucha entre Huascar y Atahualpa dice que el capitán Guanca Anqui, partidario de Huascar “dio otra batalla al contrario en Pincos…,y también fue vencido”. Cabello de Balboa al referirse a la huida de los Chancas derrotados por Pachacutec, hace mención a las naciones vecinas y confederadas de los Conchucos; Cabello de Balboa sin citar por su nombre a esta etnía dice que los Chancas “comenzaron a trauar guerras con aquellas naciones confederadas en amistad y vecindad con los Conchucos, y auiende de ellos algunas victorias pasaron a Guamachuco. Julio C. Tello presenta un “ensayo de reconstrucción de la geografía incaica” y divide el territorio andino en cuatro zonas : en la segunda, que trata sobre las naciones de los Andes del Marañón cita a Pinku en el valle del Mosna-Puchka.
De lo expuesto se deduce que la cuenca del río Pushca fue el territorio de la antigua nación Pinco, esta inferencia se afianza en el descubrimiento de monumentos arqueológicos en los pisos inferior medio y superior del valle del Mosna-Pushca, que la nación Pinco comprendía dos ayllos principales: collanapincos y Ichojpinco, que sus limites tentativos por el norte, Conchucos, por el sur Huánuco, por el este el Marañón y por el oeste la Cordillera Blanca y que pertenecía a la región del Chinchaysuyo. (Espejo Nuñez, 1957).
obre este grupo étnico existen varias versiones, Hernán Amat menciona que las evidencias arqueológicas y los numerosos testimonios etnohistóricos éditos e inéditos le permiten afirmar que los Yaros erigieron un segundo estado imperial andino luego que éstos arruinaron al Imperio Wari.
Reseñaremos quienes se han ocupado sobre este tema.
El cronista indio Guamán Poma de Ayala, dice ser descendiente de los famosos reyes Yarovilcas del Chinchaysuyu temidos y respetados por los mismo Incas. Afirma que en la época del inca Tupac Yupanqui gobernó 5º años el Capac Apo Guamán Chaua nieto de Yarovilca allauca huánuco abuelos de Capa Apo don Martín de Ayala y de su hijo don Felipe Guamán Poma de Ayala. Guamán Chaua llegó a desempeñar el cargo de máximo gobernador del Chinchaysuyo. Los Yarovilcas de allauca Huanuco habrían formado un pujante estado que contribuyeron positivamente en la conquista de Quito.
El núcleo urbano de Garu, según la tradición sería, la cuan de Guamán Poma.
Las deidades Yaro tenían igualmente gran prestigio. El Dios Pariacaca, divinidad suprema de los yaros, su culto se mantuvo hasta el siglo XVII y solamente por la furiosa acción de los extirpadores de idolatrías pudo atenuarse los ritos que se le oficiaban.
Pierre Duvois (1972) concluye que los Llacuaces o Yaros denominación despectiva cuya connotación sería de intruso, luego de un proceso de intercambio pacifico con los Huari, aquellos aniquilaron los asentamientos Huari. El citado autor ofrece varios actos de conquista de parte de los Yaros. Cabe destacar la conquista del pueblo de otuco.
La acción despectiva de los Habitantes de las zonas bajas ocasiona la agresión violenta de los invasores yaros. También los identifica como habitantes de las punas de Chinchaycocha y en un período difícil de determinar habrían de construir el imperio de los Yarovilcas, y que en su afán de conquista se dirigen hacia el occidente y dominan las partes altas del Callejón de Huaylas y Cajatambo.
Waldemar Espinoza llega ala conclusión que el imperio Yaro abarco una extensa zona de las tierras altas hacia los siglos XII y XIII. El Imperio Yaro tuvo una duración efímera. De acuerdo a los datos, tuvo una duración de 200 a 250 años de agitada existencia.
Debieron primar varios factores o causales que ocasionaron la desintegración del imperio yaro a juzgar por los emplazamientos arqueológicos, las manifestaciones artísticas pobres y escasas, la formación social yaro, debió atravesar por un inestable y permanente período bélico. La reducción de la población y la tendencia a ala dispersión sugieren que la estructura social sufría tensiones y debilidades probablemente la emergencia de un proletariado interno o una vez que las contradicciones internas llegaron a su punto critico, el sistema de poder de os yaros se hizo vulnerable con el consiguiente colapso y desintegración de cuyas partes surgieron pequeños grupos locales, reinos poderoso y quedando los Yaros un pequeño reino circunscrito en la zona de Cerro de Pasco, donde pudieron salvar su dinastía y finalmente sometidos por el noveno inca del Tahantinsuyo.
Donald Tompson hace una reconstrucción de las etnías de la sierra central, y menciona que los más conocidos eran losYacha, Chupachos, Huamalli, que están ubicados en las tierras altas del departamento de Huánuco. Los sitios Huamalli están ubicados en la mayoría de los casos en las laderas. Las exepciones supone que son las reducciones post-hispánicas, mientras que la ubicación de los villorios es similar a aquellos grupos étnicos, del área, la arquitectura es diferente. El huamalli utilizó grandes chozas, presumiblemente con techos cónicos tipo choza y torreones aproximadamente rectangulares, a menudo con techos de piedras planos o ligeramente redondeados. Los torreones son un verdaderos enigma. Se puede pensar que son cámaras funerarias, pero en algunos no hay huesos, se sugiere que al menos algunos sirvieron como depósitos. Las ventanas presentes bajo el techo, habrían permitido la necesaria ventilación, y las piedras sobresalientes en el interior podrían haber servido como ganchos para bolsas o recipientes de productos. Nuevamente, aparte del agrupamiento de algunas estructuras, no parece haber habido ningún planeamiento formal para los villorrios Huamalli fuera del impuesto por el terreno y el factor de nucleación. (Tompson 1972).
Waldemar Espinoza señala que Huamalli formaba parte del reino de Huánuco, adoraba al Dios Huari, cuyo templo con galerías subterráneas 8al estilo Chavín de Huantar, también dedicado a la misma divinidad) y de arquitectura imponente estaba cerca de Senca (actualmente Singa). El ídolo allí mismo reverenciado era así mismo un oráculo, y en realidad no era otro que el Apo Con Ticse Huiracocha Pacha Yachachi. Su culto y ritual fue descrito por el sacerdote Melchor de Oviedo en una pequeña crónica que publicó en 1656. El Huamani también fue venerado y ofrendado profusamente.
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